Logia Occultum Lapiden No. 1975
- Ubicación: Oriente de Bucaramanga
- Fundación: 31/08 2013
- Correo electrónico: 1975occultumlapidem@droithumaincolombia.co
Desde el corazón de los cerros orientales, testigos ancestrales de la conexión indígena con el cosmos y de las gestas libertadoras que forjaron nuestra nación, la Logia N° 1975 Occultum Lapidem levantó sus columnas el 31 de agosto de 2013.
Nuestra Logia se erige bajo la atenta mirada de estas montañas sagradas, reuniendo a hombres y mujeres en perfecta igualdad, para buscar juntos la luz inspirados en su historia y su majestad.
Nuestra mirada se extiende hacia las montañas celestiales del páramo de Santurbán, donde los frailejones, auténticos alquimistas de la naturaleza, destilan la vida misma. Esta agua pura, generada en las alturas, desciende por laderas escarpadas para fecundar los valles y abrazar las aguas del río Magdalena, culminando su viaje en la inmensidad del mar. Esta imagen de transformación y flujo vital es el espejo de nuestra obra.
Estos alquimistas silvestres nos revelan el sentido de nuestro nombre: Occultum Lapidem (La Piedra Oculta). Nuestra denominación proviene de la fórmula alquímica V.I.T.R.I.O.L.: Visita Interiora Terrae, Rectificando Invenies Occultum Lapidem —“Visita el Interior de la Tierra, Rectificando Encontrarás la Piedra Oculta”. Este principio ilumina cada uno de nuestros trabajos, recordándonos a cada hermana y cada hermano que el camino hacia la luz requiere una búsqueda introspectiva y la rectitud para transitar tanto las geografías agrestes de la vida como los paisajes íntimos de nuestro ser, con la misma perseverancia y pureza con la que el agua del páramo labra su curso.
Nuestro emblema, un escudo de azur (azul) cargado con triángulos equiláteros de oro, cifra este compromiso. El azul representa la verdad eterna y la profundidad del cosmos, mientras que los triángulos dorados simbolizan el equilibrio, la sabiduría y los ideales elevados que nos guían. En esta imagen, condensamos la esencia de nuestra labor: una búsqueda espiritual e iniciática que hombres y mujeres manifestamos en nuestro quehacer material y profano, extendiendo mentes y corazones en cada rol que ejercemos. Integramos así el aprendizaje del oficio francmasón con el viaje interior hacia la Verdad.
Desde el Oriente de Colombia, profundizamos en la senda de Le Droit Humain, construyendo día a día una cadena de unión que, como las aguas que bajan de nuestro páramo, trasciende fronteras para conectar fraternalmente con el mundo entero.